16 mar. 2016

HYPERVERSOS - TIC TAC

HYPERVERSOS - TIC TAC - EL GARAGE PRESENTA



TIC TAC


Tic tac, tic tac, tic tac, tic tac, tic tac.

Era lunes y tenía ganas de volarme la cabeza,
confío en que no sea un gusto efímero
y a la menor intención pueda arrancármela
es este crudo mundo que no es más mío
que a nadie pertenece, y está ahí solo, en llamas.

Tic tac, tic tac, tic tac, tic tac, tic tac,

Sirvamos al presente con una ofrenda,
una vida que sepa a muerte y madure,
que no tienda a quebrarse, que hable rojo,
que tenga el pecho árido, que no escape,
digamos que es nuestro único bastardo,
que suele ser semilla en vez de madero,
que ha huido de las sombras y se cree luz,
que busca sin siquiera encontrar el sendero,
una mano firme que se alza y es clavada
con la otra erotizándose a honor de la cruz.

Luego entonces al tercer día cae de bruces
y predice que el mundo se va directo al vacío,
es ahí cuando la mierda humana alza la mano otra vez
y desata una suerte de paraísos con costo y desvarío.

Quién se ha llevado mi corazón de queso,
dónde están mis manos de mimbre,
tic tac, tic tac, tic tac, tic tac, tic tac.
mira nada más la fiebre que tengo,
todo arde y se estampa, cuanta hambre,
está sed, mis piernas son de palo seco
no andan más, han venido a menos,
y tú sólo escuchas que ya soy cadáver.

Estoy muerto y ahora te lo confieso,
he partido de hace tiempo para obviar
que mi corazón no es ni parecido al queso,
que me he plantado en medio de la guerra
la que no es de manos y también apesta, la que perdí
y la que hace a veces de pantano, el mío.

Soy de los que confunden el ocio y la belleza,
la hilaridad con la elocuencia y la decadencia,
a Cristo con Satán a éste con el verbo y el infinito,
he nacido sin la miseria del pecado original
desconozco el perdón cuando no es mujer,
Y el mañana cuando el futuro me importa nada.

Son esos días en los que la ciudad se espanta,
los fieles gozan ante la caída de la palabra,
entonces los juicios se hacen más ásperos
a la mirada nativa de la multitud en ruina,
allá lejos algo grazna y a falta de cuervos
somos nosotros los que no decimos nada.

Tic tac, tic tac, tic tac, tic tac, tic tac.

A dos minutos de la derrota voy cargando a Jesucristo,
la fiereza de la culpa que ha resultado un éxodo
2000 años me ha punzado la costilla, se colapsa la garganta,
esta sed avinagrada de la que sufro y sigo feligrés,
el demonio de la apócrifa verdad en las manos de un pederasta,
el perdón efímero en la boca de un representante de Adán,
igual viola, igual mata, igual de infame y canalla va de blanco,
camina detrás de la caravana, toro indultado sin sangre,
perro rabioso y salvaje, va tu palabra a la pesadez humana,
los débiles que piedad imploran comprándote un nudo para su garganta. 

El estúpido día en que descubrí el mundo
fue cuando después de llorar no había consuelo,
las calles estaban húmedas, la ciudad ensangrentada,
las manos de mi madre parecían rotas, cansadas,
todos a mi paso gritaban, las mujeres callaban,
los niños de mi edad eran violados por negras sotanas,
desde el palco un cuello almidonado y asesino miraba,
las manos cruzadas, las bocas cerradas, las palabras
eran sólo eso, puras palabras que no hablaban.

Hoy sigue siendo lo mismo, he crecido, he vivido
y la ciudad aún en llamas.

12 minutos, 13 minutos, tic tac, tic tac,
sigo sin nada, no tengo nada,
te tengo a ti y aún sigo sin nada,
tic tac, tic tac, sexo, coca, whisky,
tic tac, mi madre está pariéndome,
soy un libertino, orino en la calle,
el metro pasa, tic tac, tic tac,
quiero convertirme en santo,
en un santo homosexual,
en Dios femenino, en crack,
en hachis, en una boca rosa caramelo,
tic tac despierto, duermo, bebo,
sexo, putas, bebo putas, sexo duermo,
una consonante, y todo suena a
a tic tac, tic tac, tic tac, tac, tac, tic tac, tan

HYPERVERSOS - CONDENADOS

HYPERVERSOS - CONDENADOS - TEATRO ERNESTO GÓMEZ CRÚZ




CONDENADOS


Si he de morir un día que sea en el sitio merecido, ese que te acusa tanta belleza, ese que es Olimpo, esa hendidura en que se halla Hades e Infierno, y cuando toca la boca vuelve Paraíso.

Nos hemos encontrado, tanto como hemos pretendido y todo viernes es de faena y no paramos hasta salir lacerados y el sólo andar sea un suplicio, luego otra vez nos encontramos para sanarnos, lamiendo las heridas, abrazando nuestros vicios, haciendo que amamos olvidando lo que hacemos, figurando que somos bravos y que mutuamente devoramos lo que se haya en nuestros cuerpos, de eso va la vida, la que nos juramos, de la que somos animales y testigos.

Parece que la ciudad nos abandona o es a nosotros a quienes no nos importa.

Llega la hora y tú idolatras ese collar de perlas que te he forjado que se va desdibujando y rueda presuroso entre tus pechos, sabe de tu ombligo, ese es su lugar y por las mañanas también el mío.

Moríamos de hambre o de sed o de pena, moríamos de cualquier cosa pero no de amor, éramos la jauría entera, y sólo necesitábamos ser dos para que esta ciudad hablara de nosotros y se precipitara en llamas y entonces no había diferencia entre nuestra cama y lo que sucedía afuera, el mundo ardía, nada nos importaba, el hambre seguía sin espantarnos, morir de inanición era dejar de estar furiosos y quitar las manos de las brasas que en medio de nosotros se estaban consumando.

Todos los viernes ella escondía el mar, y luego me pedía que lo escuchara a través de su vientre, yo me colgaba por horas, le cantaba versos, le hablaba despacio, llenaba de vaho el sitio y dibujaba corazones descompuestos, ilusiones rotas y el nombre de nuestros errores, fuimos perfectos.

Te miraba tendida, y no hacía más que acariciarte las piernas como si tuvieras 20 años, me escondía bajo tu falda y ahogaba la palabra, hubiera mentido al decirte que tarareaba nanas, para nada, hubieran tenido que lavarme la boca por obsceno o excomulgarme del mundo cristiano, cuántas cosas sucias pronunciaba, cuantas alevosías en nombre de Dios, del Dios bajo la falda, era como un río que en mi boca se desmadraba, un Partenón en que me batía siete días a la semana.

Qué faenas mujer, cuánta carne, es imposible que sigamos vivos, deberíamos de estar exiliados por sensuales, lapidados por deliciosos, condenados por tentarnos tanto, somos como esa culpa adolescente, contamos hasta cien y otra vez nos estorban las manos, nos sobran las bocas y nos falta tantita divinidad, tú siempre virgen, yo siempre inhiesto.

Pender de esos pechos con olor a corazoncitos perfumados, salir de la guarida para quitarle al mundo la condena del pecado, y tragarlo, así arrepentidos y perdonados nos iremos sin costillas que definan nuestro sexo, sin manzanas que nos compren lo exquisito, un detalle lechoso y algodonado en tu nombre y dos ladrones al costado, por qué no, también amando.

En el principio estabas ahí y eras, y yo parecía un desorden y estaba vacío, te acercaste a mi oído y creaste la marea, sea la ventura y la ventura nos arropó pronto dejando de ser cadáveres expuestos, sean las bocas y las nuestras comenzaron a juntarse desesperadamente, pero las bocas necesitaban de una lengua, y ésta apareció de tajo, con la consigna de encarnarse a la opuesta, luego manos, piernas, torso y durante 5 días más te centraste en los sexos, muestra de la perfección que a semejanza tuya se regala, sí, he considerado desde hace muchos besos que eres Dios.

He considerado también desde hace mucho sexo que eres Dios, no el de los fanáticos, tampoco al que desafían los ateos, no, eres ese Dios que compuso un milagro entre nuestras piernas, el que nos hizo hermosos, radicales, amantes hambrientos, el que se posa en mis costillas y aduce que estaremos respirándonos tanto tiempo, yo a tu diestra nomás mirando y de vez en diario pendiendo de tu vientre ansioso, famélico.

Dos son las cosas en que pienso todo el día, la primera eres tú aunque tú no eres una cosa sino todas las cosas y la segunda es en lo que te voy a hacer encima de las sábanas, debajo de ellas, en medio de esta vida, a la vuelta del minutero, tomarte porque te pertenezco, allá la ciudad nada nos extraña, Dios nos olvidó por habernos compartido tanto, por comer pan de nuestro cuerpo y beber de esa sangre que te emana y que ha sido vida, nos desterraron y ahora estamos tan ebrios.

Mujer, hágase tuya la voluntad igual ardemos en tierra, igual ardemos de infiernos.